Sea cierto o no el encuentro del Cervantes niño con los molinos yebenosos, lo certero es, sin duda, el deseo de que tal hecho hubiese sucedido. Sería un magnífico reclamo turístico, entre otros muchos que el pueblo ya tiene, y más ahora, que han sido declarados Bien de Interés Cultural por la comunidad autónoma de Castilla La Mancha en la categoría de Sitio Histórico relacionado con la vida y obra de Miguel de Cervantes Saavedra.
Pero existen datos que indicarían que dicho encuentro pudo no tener lugar. No porque Cervantes no transitara por el puerto de Yébenes, que lo haría en multitud de ocasiones durante sus viajes entre la capital del Reino y la ciudad del Guadalquivir, sino porque los gigantes manchegos llegaron, para cambiar la fisionomía de nuestra sierra, un poco más tarde.
Hagamos una revisión de dichos datos:
Del siglo XVI, en las Relaciones Topográficas de los Pueblos de España realizadas entre 1574 y 1578, por orden de Felipe II, se describe el lugar de Yébenes. En dicha descripción no se habla de molino de viento alguno, en cambio, sí se cita la existencia de molinos de agua en el río Algodor y se dice que “a Tajo, río de Toledo, que hay seis leguas de este lugar, van a moler”. En esta época, el molino harinero predominante continuaba siendo la aceña que aprovechaba la fuerza motriz de los cursos de los ríos. De hecho, de todos los pueblos de Castilla La Mancha que respondieron a estas relaciones topográficas, son pocos los que referencian molinos de viento en sus términos, entre ellos, Campo de Criptana y Belmonte.
Del siglo XVII, en un auto judicial de 1612, relativo a una causa criminal en Yébenes de Toledo, se habla de un tal Pedro de Losa que es “molinero de viento”. Supuesto que se tratara de un vecino, la presencia de este oficio en el pueblo a principios de los seiscientos podría ser un indicio de que ya existían molinos de viento en el lugar de Yébenes, por aquel entonces.
Del siglo XVIII, por el Catastro de Ensenada de 1752 sabemos que en Yébenes de Toledo ya existe un molino harinero de viento: “En este término hay un molino de viento propio de Bernabé Fernández de la Bóveda, que utiliza [produce] al año doscientos reales”. Pero no existe ninguno en Yébenes de San Juan: “Hay un molino harinero con tres piedras en el río Algodor y muele en tiempo que corre, propio de Fabián Sánchez Diezma, vecino del adjunto lugar de Yébenes”. En este catastro, nuestro vecino del sur, Consuegra, declara tener sólo dos molinos de viento.
Del siglo XIX:
En el Diccionario Geográfico Estadístico de España y Portugal de Sebastián Miñano de 1829, se mantiene la misma situación: Yébenes de Toledo, un molino de viento, Yébenes de San Juan, ninguno. Curiosamente, Miñano no referencia molinos de viento en la villa de Consuegra, mientras que el Diccionario Geográfico de Madoz de 1850 cuenta diez para este pueblo y, en cambio, no menciona ninguno en Yébenes.
En un mapa del término municipal de Los Yébenes realizado en 1851, el agrimensor Pedro Nolasco López dibuja en la sierra un molino arruinado. También nos pinta un molino de viento al sur de las calles Arroyada y Prior.
En el Nomenclátor sobre Los Yébenes de 1867 aparece el molino de viento “Torrecilla” ubicado a 1,3 kilómetros del casco urbano y una casa de los molinos o caseta de molineros a 0,6 km. También se registra otro molino harinero con el nombre de “Baseur”, pegado al pueblo, que podría corresponderse con el que nos detalla el agrimensor en 1851. El resto de los molinos harineros registrados en este nomenclátor están ubicados lejos del casco poblacional de Yébenes y en su mayoría son de agua.
En el periódico El Tajo, de 9 de junio de 1867, se cita, entre las tomadas por el Gobierno de la Provincia, la disposición de aprobar “la subasta de un terreno del común de Yébenes en favor de María Jesús Ramos, con destino a construir dos molinos harineros de viento”.
En la hoja topográfica Nº685–Orgaz realizada en el año 1884 por el Instituto Geográfico, aparecen cinco molinos de viento en la sierra: tres en el antiguo término de Yébenes de Toledo –conocidos entonces como el “Nuevo”, el “Torrecilla” y el “del Abogado”–, que se corresponden con los de la actual crestería; un cuarto en el antiguo término de Yébenes de San Juan, que estuvo ubicado en donde actualmente se encuentra el parador –según su constructor, Anselmo Fontecha, en las inmediaciones se podía observar el “arranque” de un molino–; y el quinto molino, localizado en el antiguo paraje de Guineas del cual tomaba su nombre, se encuentra a caballo entre los términos de Orgaz y de Los Yébenes. Este “molino de Guineas” se referencia en el Nomenclátor sobre Orgaz de 1867 como “molino del Puerto de Yébenes”. Esta época de finales del XIX fue la de mayor actividad molinera, y según los anuarios de Bailly-Baillière entre sus molineros aparecen Zacarías Fernández, Juan Coronado y los Úbeda (Eugenio, Antonio, Florentino e Higinio).
A la vista de estos datos, en mi opinión y aún a riesgo de estar equivocado por falta de información, los molinos de viento de Los Yébenes no fueron contemporáneos de Cervantes, pues el autor del Quijote vivió durante la última mitad del siglo XVI y principios del XVII, mientras que los gigantes harineros poblaron las alturas de nuestro pueblo a lo largo de los siglos XVIII y XIX. No obstante, asociar los molinos de viento de Los Yébenes a la vida y obra de Cervantes es una manera de poner en valor las inversiones públicas realizadas por la Administración Local en la rehabilitación y conservación de los mismos.