Al final todo perdido.
Su silueta se iría desvaneciendo en el tiempo, éste no perdona, tenía vida propia y seguiría avanzando a lo largo de mi vida.
Alcanzar la libertad en silencio, lancé una mirada de súplica estremecedora, frágil, crítica, de socorro, pero nadie me dio su amparo.
Estaba lloviendo, yo, sentado detrás de un ventanal de una cafetería esperaba tener la suerte de verla pasar era una oportunidad entre mil millones, no sabía la hora, ni el sitio, ni tan siquiera si pasaría, lo único que sabía era vivir la esperanza de verla.
Todo es una permanente sorpresa.
Pedía una obra de caridad, desinteresada, giraba alrededor de mis pensamientos, rotos por la tristeza de mi soledad todavía caliente.
No estaba ya dedicado a los placeres.
Me imaginaba que algún día, todo tendría una solución. En sus planes y su agenda, yo no figuraba.
Mi hermana era mi memoria, a ella también le habían desbaratado sus planes, no se podía retroceder al pasado, todo se esfumaba.
Recitaba para mí, en ésta vida y seguramente hasta mi muerte, desollaría mis recuerdos, bañándolos en una pila llena de sangre, las moscas disfrutarían de ese manjar.
Bajé mis párpados, cerré mis ojos y en silencio me empecé a hacer una pregunta tras otra, preguntas sin respuestas, pero todas incrustadas en mi cuerpo mamando de él.
Te quiero mucho, más que a mí mismo, todavía te quiero oler a rosas blancas, aún me sigo emocionando con esa fragancia, con nuestras intimidades y con nuestras pocas o casi inexistentes confidencias.
Sentía algo especial, nunca desgranaría ese sentimiento, lo quería todo, perpetuamente unido, quien sabe si alguien me entendería mis profundas necesidades, necesidades de ti, sin límites.
Eras y eres para mí lo único del mundo, mi gran regalo, regalo que aún me emocionas, me quisiera dormir con esa emoción y no despertar, como un inocente niño, pero tú cortaste nuestros lazos considerando que había llegado el momento, y se enrojeció el cielo que me miraba, y yo no tuve otra opción que aceptarlo sin ser valiente, ni fuerte, ni generoso, sino siendo un cobarde hundido, alejándome de ti de repente, sin saber porque, encontrándome sólo, portando en una mochila invisible desde fuera, toda mi mala suerte.
Al final no recibí tu regalo, no tuve derecho ni a eso, perdí mi oportunidad, no me la distes, se quedó en el quicio de tu puerta, seguramente para otro valdría. No comprendía nada, pero para que quisiera comprender si me iba a dar igual, siempre continuaría aislado de tu hermoso contagio, aunque dispuesto a atender tu llamada siempre.
Situaciones expulsadas de mi alma que ahora no se oyen, no suenan, están huecas de vida, antes libres y ahora atadas sin sentido, enviadas por ti al olvido.
Aquí, sólo ahora, en esta mesa, escribiendo, voy expresando mi verdadero estado de hundimiento, aceptando todo lo que me está pasando, como si fuera un nuevo testamento de la biblia de mi vida. Destruyéndome cada segundo que pasa y queriendo hacerlo de la manera más perfeccionada que exista. Si mi destino era ese, pues que fuera algo terrible, que me hiciera el mayor daño que se podía hacer, sin contagios, destruyéndome limpiamente con toda la fuerza de un ciclón, estrangulándome y edificando marañas de alambradas de espino para no escapar de allí aunque quisiera, y no soportando el dolor en toda su crueldad, evitando la tentación de huir a mí ya sonada hora.
Tú, quien me oye, escucha esta historia, deseo que no te ocurra nunca a ti, disfrázate si es necesario, defiéndete y reza encomendándote en quien creas y rodéate de muros gruesos y muy altos, grabando tu leyenda, levanta los ojos y huye si es necesario, de ti mismo.
Sé portador de los más refinados secretos para esconderte cuando llegue ese momento, porque llegará algún día no lo dudes. Entenderás lo que te digo porque es terrible gritar y no ser oído por nadie, vete antes de que te pase, es mejor, si te quedas, cuando llegue el momento, serás débil como yo y tendrás que aceptar lo que te venga.
Sentirse abandonado, es como aspirar a ser poeta siendo mudo, y no sabiendo ni leer ni escribir además de sordo.
Graba también en el cristal de una ventana con el diamante de tu recién nacido amor, la inmensidad de tu alegría y el misterio de tus sentidos que se desbordan por todos los cauces de tus esquinas y rincones, avanzando por todos los caminos hasta llegar a la persona amada. Y como si estuvieras en un convento, reza para que no te ocurra nunca lo que me ocurrió a mí y no te veas arrastrándote por piedras de un duro y cortante granito, y perdido en una niebla húmeda que oscurecerá pero que nunca borrará tus recuerdos.
Termino por hoy mi pensamiento escrito, para mí y para todo aquel que lo quiera leer, queriendo que llegue el día de que mis palabras escritas algún día sean más alegres, eso significará que por lo menos es esos momentos me encontraré más tranquilo, sintiendo menos la crudeza de la verdad de lo que me está pasando.







